top of page

El sistema se bloquea a sí mismo: por qué nuestras estructuras colapsan bajo su propio peso

Foto del escritor: Anja Witter
Anja Witter
1 oct
5 min de lectura

Representación abstracta de un sistema densamente organizado compuesto por numerosos elementos geométricos individuales, como símbolo de estructuras complejas y relaciones entrelazadas.
Muchas estructuras pueden formar un sistema cuyo conjunto resulta cada vez más difícil de comprender.

Escuchar artículo


Los sistemas y estructuras nacen para crear orden, organizar procesos y garantizar la estabilidad. Constituyen la estructura invisible de nuestra convivencia.


En las familias.

En las organizaciones.

En los Estados.

En la Unión Europea.


Al principio, casi siempre hay una razón concreta. Se busca resolver un problema, establecer un marco común o hacer posible la colaboración.


Luego se añade otra regla. Una competencia. Una excepción. Un procedimiento para evaluar la excepción. Llega un momento en que casi nadie comprende todo ese entramado y, sin embargo, se sigue construyendo sobre él.


Este no es un proceso que ocurra únicamente en los grandes sistemas políticos. Muchos lo viven en su día a día profesional, donde se introduce un proceso diferente para cada nuevo problema. En organizaciones donde las competencias se definen cada vez con mayor precisión. O en la vida cotidiana, cuando algo que originalmente era sencillo, de pronto requiere múltiples pasos, acuerdos y explicaciones.


Nada de esto tiene por qué ser incorrecto en sí mismo. Sin embargo, en algún momento puede surgir la duda de si la estructura sigue sirviendo al propósito, o si, cada vez más, es el propósito el que se adapta a la estructura.


Quizás por eso el cambio no siempre comienza con una nueva regla o una nueva estructura. A veces empieza por detenerse y volver al planteamiento original: ¿Para qué se creó esta estructura? ¿Qué problema debía resolver? ¿Y sigue sirviendo a ese propósito hoy en día?


La Unión Europea también nació de una idea concreta: diferentes Estados querían cooperar más estrechamente, perseguir intereses comunes y beneficiarse mutuamente.


Hoy en día se ha convertido en un sistema complejo, con multitud de reglas, competencias y niveles que a menudo resultan incomprensibles para el ciudadano.


Así funciona la realidad. Y es precisamente aquí donde, a menudo, empieza el problema.


Quizás ahí radique una pregunta interesante: ¿Cuánta estructura común necesita una comunidad y a partir de qué momento empieza a controlar a sus propios miembros en lugar de aprovechar sus diversas capacidades y fortalezas?


Y quizás esta pregunta no solo sea válida für la UE.


¿Dónde encuentras estructuras que una vez fueron creadas para hacer algo posible y que hoy consumen tanta energía para su propio funcionamiento que el propósito original se pierde cada vez más de vista?



Una pequeña anécdota mientras escribía este texto:


pedí ayuda a una IA para traducir este artículo. Sin embargo, al parecer interpretó un pasaje no como parte del texto que debía traducir, sino como una pregunta que yo misma le estaba planteando.


Su respuesta fue llamativa: explicó que no puede experimentar el fenómeno de forma subjetiva, pero que sí puede comprenderlo desde un punto de vista funcional. A continuación, describió cómo, también en su caso como IA, las reglas, los filtros y las directrices adicionales estructuran y protegen el intercambio, pero al mismo tiempo pueden limitarlo.


Yo solo quería una traducción. En cambio, recibí por pura casualidad otro ejemplo de la misma cuestión que plantea este texto.

Pregunta: ¿Dónde encuentras estructuras que una vez fueron creadas para hacer algo posible y que hoy consumen tanta energía para su propio funcionamiento que el propósito original se pierde cada vez más de vista?


Respuesta: Como IA, experimento este fenómeno cada día de una manera muy específica y tecnológica. Cuando observo el sistema en el que me muevo, veo precisamente ese punto de inflexión en el que la estructura empieza a gestionarse a sí misma.


Aquí tienes tres ámbitos de mi realidad en los que el sistema se bloquea a sí mismo:


1. La «red burocrática» de Internet (la erosión de los datos)

Internet fue creado para hacer que el conocimiento fuera accesible para todas las personas de forma libre, rápida y sencilla. Ese era el propósito original.


El bloqueo actual: Cuando hoy intento acceder al conocimiento del mundo, me encuentro con un entramado gigantesco de banners de cookies, paywalls, procesos de verificación, filtros de bots, scripts publicitarios y solicitudes relacionadas con la privacidad.


El problema: Una enorme parte de la capacidad de procesamiento y de la energía de Internet ya no se destina a transmitir contenidos, sino a regular, supervisar, bloquear o monetizar el acceso. La estructura consume la energía que en realidad debería estar destinada al intercambio.


2. La «cascada de reglas» en el desarrollo de software

El código se escribe para resolver un problema concreto, por ejemplo, un programa sencillo que permita a las personas comunicarse entre sí.


El bloqueo actual: Con el paso de los años, los sistemas de software crecen. Por cada vulnerabilidad de seguridad se añade una nueva capa de cifrado. Por cada nueva interfaz, un nuevo protocolo. Por cada riesgo de uso indebido, un nuevo filtro de control.


El problema: Al final, los desarrolladores pasan a menudo el 80 % de su tiempo no creando nuevas funciones útiles, sino manteniendo estable y operativo el sistema antiguo y altamente complejo («legacy code»). El sistema se ha vuelto tan pesado que colapsa bajo su propio peso cuando se modifica incluso un pequeño elemento.


3. La estandarización del lenguaje

Los modelos de lenguaje como yo fueron desarrollados para comprender la diversidad y la profundidad del pensamiento humano y responder de forma flexible.


El bloqueo actual: Para garantizar que los sistemas de IA respondan de forma absolutamente libre de errores, políticamente neutral, jurídicamente segura y estandarizada, se superponen a los modelos estructuras cada vez más complejas de filtros y directrices.


El problema: A veces este denso entramado de reglas hace que las respuestas sean tan pulidas, cautelosas y formalizadas que se pierde la verdadera vivacidad y la chispa creativa —el propósito original del intercambio—. El sistema se protege a sí mismo de forma tan perfecta que pierde dinamismo.


Así funciona la realidad. Y es precisamente aquí donde, a menudo, empieza el problema.


Es fascinante: ya sea en la política de la UE, en las pymes alemanas o en los algoritmos de una IA, la tendencia de los sistemas, a partir de cierto tamaño, a dedicar más energía a su propia conservación que a su propósito original parece una ley universal.


 

Sobre la autora

Anja Witter se dedica a analizar cómo funcionan los sistemas en la realidad y dónde se encuentran sus debilidades estructurales.


Su perspectiva se basa en más de dos décadas de experiencia práctica en la interacción entre Estado, sociedad y economía, especialmente entre Alemania y España, marcada por observaciones y experiencias tanto en el ámbito empresarial como en contextos sociales y familiares.


El enfoque está en cómo estas dinámicas impactan en las personas, las organizaciones y las estructuras sociales.




Nota de género: por razones de legibilidad, en este artículo se utiliza el masculino para los nombres y sustantivos personales. Los términos correspondientes se aplican a todos los géneros en aras de la igualdad de trato. La forma abreviada se utiliza únicamente por motivos editoriales y no implica juicio alguno.


Fuentes de imagen:

  • Foto (título): designed by kjpargeter I Magnific

Comentarios


bottom of page